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¡Qué riqueza!

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En cierta ocasión saludé a un Viejo amigo en el hall de entrada de una de las radioemisoras de Buenos Aires. Fue una alegría encontrarlo después de varios años sin verlo.  Mientras me hablaba acerca de sus actividades, me dijo que había soportado momentos duros en sus finanzas y en su trabajo...

Pero, en todas mis estrecheces no he perdido el ánimo y el optimismo. Tengo una familia maravillosa, y siempre me he sentido apoyado por el afecto de mi mujer, de mis chicos, y aun de mi cuñado que vive con nosotros.  Mi amigo continuó diciendo: Cuántas veces, debido a mi trabajo, he regresado y sigo regresando a medianoche a mi casa, pero ¡qué alegría siente uno al ver que la familia lo está esperando con cariño!

Confieso que hacía bastante tiempo que no escuchaba palabras de este tenor, que hablan de un hogar unido y dichoso. Cuánto más fácilmente se sobrellevan los problemas, las crisis y los reveses de la vida, cuando uno sabe que puede contar con la comprensión y el aliento de sus seres amados. Cuán animador resulta para un hombre o una mujer volver cansado de su trabajo y saber que en su casa lo esperan con una sonrisa de amor. Con cuánto mayor empeño es capaz de trabajar un esposo o una esposa cuando sabe que su casa es un nido de paz, donde no penetran los males del mundo exterior.

Cuán diferente es el caso de muchos hombres, que pasan deliberadamente el mayor tiempo posible fuera de su hogar, porque saben que al llegar solo escucharán rezongos o verán rostros indiferentes. Usted, señora, que a veces se queja de que su marido pasa demasiado tiempo fuera de casa sin motivo,  ¿se ha preguntado si Usted lo trata con afecto cuando él llega, o si Usted hace suficientemente atrayente el hogar, como para que él desee estar con la familia? Hay muchos maridos amantes del aire libre y de salidas frecuentes, no tanto porque quieren realmente estar afuera, sino porque no aguantan estar adentro con su mujer fría o malhumorada. Lo dicho se aplica tanto al marido como a la esposa.

Señor, señora, permítame sugerirle que convierta su casa, su arreglo personal y su ternura en lo más atrayente para su cónyuge. Verá cómo ambos se gozarán en estar juntos. Esto contribuirá a conservar la fidelidad conyugal, y aumentará sensiblemente la felicidad de toda la familia.

Cada vez que entre a su casa, tenga una sonrisa en su rostro, porque su familia la estará esperando de usted.  Deje afuera sus preocupaciones de trabajo, y ocúpese más bien en convivir amistosamente con sus seres queridos.  Dios formó el hogar para que la familia viva unida, feliz y en un clima de constante superación. ¿Podría existir mayor riqueza que esta?

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