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Fortaleza en el Hogar

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¿En qué medida valoramos el hogar que poseemos? ¿Comprendemos lo que significa para nuestra vida el afecto de nuestro cónyuge y de nuestros hijos? Y frente a cualquier problema que debemos soportar, ¿Nos damos cuenta de que podemos resolverlo más fácilmente con el apoyo y la comprensión de nuestros seres amados?

Cierto comerciante llegó una noche abrumado a su casa. Y apenas entró en la sala, se echó en el sofá y hundió con desesperación su cabeza entre sus manos. ¿Qué te sucede? Le preguntó su esposa. Acabo de declararme en quiebra, lo he perdido todo y hemos quedado en la ruina, le contestó su marido. A lo que su valiente esposa le dijo: todo no se ha perdido, porque te quedo yo y te queda tu familia, que estamos dispuestos a soportar la prueba contigo. Y su hija mayor, que escuchaba desde la habitación contigua, añadió: también te quedo yo para ayudarte. Al momento también se acercó su anciana madre, quien le recordó: Hijo, no todo está perdido. Todavía tienes salud, tienes una buena compañera e hijos buenos que estarán a tu lado. Y además, podrás tener la protección de Dios, si la pides con sinceridad.

Cuando el hombre escuchó todas estas palabras de aliento y de afecto, quedó profundamente emocionado, y dijo: “Que Dios me perdone, porque yo creía que lo había perdido todo, y todavía me queda lo mejor”.

¿Nos ilustra este caso real el inmenso valor de un hogar bien constituido? ¿Qué refugio mejor que este para hacer frente a los peores contratiempos? Cuando la familia está unida por los lazos de un amor estable, el dolor, la adversidad o la prueba se hace menos punzante y se puede vencer con mayor facilidad. La comprensión y el fiel compañerismo de una esposa vigorizan el espíritu del marido.  El afecto leal de un esposo estimula y hace feliz a su mujer.  La amistad entre padres e hijos ofrece al hogar una riqueza mayor que todos los bienes materiales que se puedan acumular en la casa.

Señor, ¿valora usted el hogar que tiene? ¿Se lo dice a sus seres queridos para aliento y alegría de ellos? Y usted señora, ¿se siente feliz porque en medio de sus afanes y trabajos su familia le brinda seguridad afectiva y paz interior? Si estamos conscientes de que nuestro hogar es un regalo tan precioso de Dios, ¿no haremos el mayor esfuerzo posible para conservarlo con armonía y unidad? Nuestro hogar merece lo mejor, El amor que podamos cultivar en él, y la bendición divina que podamos recibir del Altísimo.

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